Sin una industria militar sólida España no tiene opciones para diseñar una estrategia viable de defensa y seguridad

Industria de defensa, 12 de octubre de 2018

España necesita potenciar una industria de defensa sólida si quiere tener opciones viables y creíbles para desarrollar una estrategia de defensa y seguridad que le permita  mantener los máximos niveles de soberanía en todos los escenarios geopolíticos actuales y de futuro. Una industria con tamaño empresarial, fortaleza financiera y respaldo tecnológico suficiente para sustentar una estrategia nacional eficiente ante los enormes retos en materia de defensa y seguridad que se avecinan en la proyección internacional.

Unos retos focalizados esencialmente en Europa, que está viendo cómo cambia su modelo tradicional de defensa asociado a Estados Unidos y cómo se impone un modelo  centrado en sus propias estrategias de defensa. Todo ese entramado futuro de defensa y seguridad pasa ineludiblemente por disponer de una industria de defensa avanzada, capaz de responder a las exigencias de desarrollo de programas de equipamiento militar a todos los niveles. Los países que dispongan de una capacidad industrial que dé respuesta a esas exigencias podrán participar de forma activa en el diseño de esas estrategias de futuro; los que no, se convertirán en meros agentes subordinados en la construcción del espacio europeo de paz y seguridad.

Sin una industria de defensa fuerte, España no podrá ejercer ninguna capacidad para participar en el diseño futuro de la defensa de Europa. Esta es la principal conclusión del primer Informe Coraza sobre el Futuro de la Industria de Defensa elaborado por el Instituto Coordenadas de Gobernanza y Economía Aplicada. A este estudio seguirán otros sobre cómo vertebrar la industria de defensa y un tercero sobre decisiones estratégicas imprescindibles para consolidar una industria de defensa con dimensión para afrontar todos los retos que se avecinan.

El Informe del Instituto señala que nos encontramos ante una situación de todo o nada. O tenemos una industria de defensa que sirva a los intereses futuros de La Paz y la seguridad europea, con unos retos imponentes en desarrollo tecnológico, o estamos condenados a ver cómo nuestras empresas languidecen y quedan obsoletas en muy poco años, relegadas a un papel de meras subcontratistas de grandes grupos industriales y de países con la capacidad, la inversión y la tecnología que respalde las decisiones de Estado. Es imprescindible hacer una realidad de la declaración teórica de “estratégica” de la industria de defensa y visualizar su valor real y sus capacidades y cómo incrementarlos, señala el Informe.

La industria española de defensa mueve actualmente un volumen de negocio superior a los 5.370 millones de euros con un crecimiento sostenido a lo largo de los últimos años, 7% en 2017, y con una especial resistencia a los efectos de la crisis económica iniciada en 2008. El 80% del negocio procede de la exportación, lo que muestra su alto nivel de competitividad en el intercambio global de defensa; emplea a casi 23.000 trabajadores directos, un 40% de ellos titulados universitarios y su actividad supone más de 11% de todo el PIB industrial español. Más del 10% de sus ingresos se dedican a tareas de investigación y desarrollo. Destaca por su productividad, que se estima en cuatro veces superior a la del resto de la industria. En líneas generales, señala el Informe, se trata de un sector industrial competitivo, volcado en la innovación tecnológica, con empleo de alta calidad y con unas tasas de retorno de la inversión notables, al considerar que cada euro invertido en programas de defensa genera otros tres euros en todo el sistema económico.

Es una industria que en España está enormemente fragmentada, con multitud de medianas empresas muy especializadas o con monoproducto. Hay referencias indiscutibles en las distintas plataformas navales, terrestres y aeronáuticas con Navantia, General Dynamics-Santa Bárbara y Airbus como protagonistas. Pero el futuro de la industria no descansa en fabricar cascos de navíos, carrocerías de vehículos de combate o fuselajes de aviones, sino de llenar esos caparazones de sistemas de armas, telecomunicaciones, electrónica y software de altísima sofisticación para generar estructuras básicas de la defensa del futuro. Y ahí es donde la fragmentación industrial debilita al conjunto del sector.

Una somera comparación con el resto de Europa muestra la realidad de la industria de defensa española, señala el Informe del Instituto. Las empresas de defensa de Francia y Gran Bretaña multiplican por cinco el volumen de negocio de las españolas. Francia e Italia tienen retornos superiores en más de un 35% a los que genera la industria española y entre las 25 grandes empresa europeas de defensa no hay ninguna española. La industria europea de defensa ha creado gigantes como Safran, Thales, Airbus, Fincantieri, Rolls Royce, BAE Systems, Cobham, Leonardo o Rheinmetall con los que hay que competir en el futuro inmediato. Son gigantes industriales con capacidades muy concentradas con las que pueden dar respuesta inmediata a todos los retos tecnológicos que la estrategia de defensa les proponga.

Un análisis del mapa de capacidades de la industria española de defensa realizado por el Instituto Coordenadas muestra altos niveles tecnológicos en sistemas de navegación aérea y plataformas de entrenamiento y simulación. Pero sus capacidades son de tipo medio o bajo en el resto de capacidades, incluidos los sistemas de mando y control o todo lo relacionado con ciberdefensa. En conjunto, señala el Informe del Instituto, una situación un poco preocupante pues resulta evidente que aproximadamente la mitad de las capacidades críticas de nuestra defensa dependen de suministros procedentes de empresas con centros de decisión que están fuera de España.

Jesús Sánchez Lambás, Vicepresidente Ejecutivo del Instituto Coordenadas, señala que “el futuro de nuestra seguridad y de nuestra soberanía está en juego. Es imprescindible poner en valor la industria de defensa. Dotarla de un apoyo institucional rotundo, con un impulso decidido a sus capacidades, con planes de crecimiento y desarrollo a largo plazo. En definitiva, dar sentido al adjetivo de estratégica que siempre se le adjudica y que muchas veces no hace referencia a un contenido concreto, para proteger la seguridad interna y poner en valor el necesario protagonismo en La Paz y la seguridad en los escenarios multilaterales”.

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