geopolitica cmercial de la union europea

La nueva geopolítica comercial de la Unión Europa

Análisis, 26 de febrero de 2026

La persistente inquietud por los anuncios arancelarios de la Administración Trump y el clima de zozobra que afecta a las relaciones transatlánticas en diversos órdenes, están empujando a la Unión Europea a cerrar acuerdos comerciales pendientes de larga data, como el alcanzado con Mercosur o India. El proceso, no obstante, avanza en ocasiones de forma accidentada. A la par, cada vez más líderes europeos visitan China en busca de un reseteo de las relaciones.

El acuerdo con Mercosur

El 17 de enero de 2026, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, viajó a Asunción, Paraguay, para firmar el acuerdo entre la UE y Mercosur. Este pacto comercial entre los 27 miembros de la UE y Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay abarca un mercado de 700 millones de personas, lo que lo convierte en una de las zonas de libre comercio más grandes del mundo.

Cuatro días después, en medio de protestas de agricultores en varios países comunitarios -entre ellos, España-, el Parlamento Europeo paralizó el acuerdo, al votar a favor de un largo proceso de revisión por parte del Tribunal de Justicia de la Unión Europea. Aunque algunas partes de lo firmado se podrán aplicar de forma provisional, ello supone un duro golpe para la posición de la UE. Los socios sudamericanos podrían retirarse del acuerdo en señal de protesta.

El acuerdo con la India

Tras la firma con Mercosur,  en una visita a Nueva Delhi de Von der Leyen y del presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, con motivo de una cumbre con Modi, se estableció un acuerdo complementario con la India. La administración Trump se había pronunciado muy críticamente con la Unión Europea por llevarlo adelante.

El acuerdo debería permitir duplicar las exportaciones europeas de bienes a la India para 2032, gracias a la eliminación o reducción de los aranceles sobre el 96,6 % del valor de los envíos europeos. La UE y la India intercambian cada año bienes y servicios por valor de más de 180.000 millones de euros.

Para la India, este es el acuerdo comercial más importante jamás negociado con países extranjeros y refuerza la convicción en el país de que la liberalización del comercio es una palanca fundamental para el objetivo de convertirse en un país desarrollado para 2047. Pero también refuerza la idea, reiterada en varias ocasiones por el primer ministro Modi, de que la India es un puente entre Occidente y el Sur global, en el centro de los equilibrios económicos y geopolíticos mundiales.

Paralelamente, la India y la UE también han firmado una Asociación para la Seguridad y la Defensa. Un documento informativo de la UE precisa que se trata de una asociación para “la seguridad marítima, la industria de la defensa, las amenazas cibernéticas e híbridas, el espacio y la lucha contra el terrorismo”.

Un amplio significado geopolítico

Para Bruselas, estos dos movimientos no suponen un giro espectacular, pero sí una reorientación silenciosa. La UE asume que el mundo ya no es benigno y que, sin músculo militar comparable al de EEUU, el comercio sigue siendo su principal herramienta geopolítica. Y parece dispuesta a hacer uso de ella.

La UE ya tiene pactos comerciales preferenciales con 76 países y ha mostrado un renovado interés en unirse al llamado Acuerdo Integral y Progresista de Asociación Transpacífico, un bloque de libre comercio de 12 naciones de Asia-Pacífico que, hasta ahora, solo incluye al Reino Unido por parte de Europa.

En 2025, la UE logró negociar una actualización de su acuerdo comercial con México y finalizó las negociaciones para un acuerdo comercial y de inversión con Indonesia. Se están negociando otros acuerdos con Malasia, Filipinas y los Emiratos Árabes Unidos. 

Además, el Acuerdo de Comercio y Cooperación entre la UE y el Reino Unido se someterá a revisión este año, la primera desde su entrada en vigor en 2021. Mientras, tiene pendiente un acuerdo bilateral de inversiones con China, que el Parlamento europeo paralizó en 2022.

Si se mira el contexto estratégico más que al contenido estrictamente comercial, con Mercosur y con India, la UE intenta ensanchar su margen de maniobra en un mundo crecientemente polarizado. No se trata de “elegir bando”, sino de reducir dependencias excesivas (EEUU, China) diversificando socios, mercados, materias primas y cadenas de valor. Es autonomía estratégica sin épica, pero muy funcional.

Por otra parte, en plena fricción transatlántica (IRA, subsidios verdes, política industrial estadounidense), estos acuerdos envían un mensaje sutil: Europa sigue siendo un aliado, pero no acepta quedar atrapada en una relación asimétrica. Mercosur e India refuerzan la capacidad negociadora de la UE frente a Washington.

Además, estos acuerdos incluyen un mensaje implícito a China, con quien la UE lleva tiempo intentando construir menos dependencia y más equilibrio. En este sentido, si bien no es un movimiento “anti-China”, sí supone una corrección estratégica. América del Sur e India ofrecen alternativas en alimentos, energía, minerales críticos y, en el caso indio, también manufactura y servicios. La UE busca desacoplamiento selectivo, no ruptura, y estos acuerdos son herramientas clave.

Ambos acuerdos refuerzan la presencia europea en regiones donde la competencia con China (y en menor medida con EEUU) es intensa. La UE trata de no quedar fuera del nuevo mapa de poder del Sur Global, aunque llega tarde y con menos instrumentos coercitivos.

En un entorno de proteccionismo y “friend-shoring”, Bruselas intenta salvar el comercio basado en reglas, presentándose como el actor que todavía cree en los acuerdos amplios, aunque imperfectos. Mercosur es especialmente simbólico en este sentido y abunda en el compromiso de la UE de defensa del multilateralismo, hoy un parteaguas en el enfoque de las relaciones internacionales.

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