Los bancos centrales de EEUU y de la Eurozona continúan mostrando públicamente sus diferencias de funcionamiento y mientras las actas de la última reunión de la Fed, publicadas la semana pasada, apuntaban claramente a la cercanía de las subidas de tipos –se apunta a junio o julio para la toma de decisión- lo que se reflejaba en la cotización del dólar y del petróleo, el BCE malgasta sus energías como, se reflejaba en sus últimas actas conocidas, expresando su voluntad de hacer frente a las críticas procedentes desde Alemania y de su ministro de Finanzas, Schaeuble, las cuales culpaban a su política ultralaxa de las dificultades que estaría atravesando el sistema financiero europeo.

En un ejercicio que empieza a ser rutina, los miembros del Consejo abogaban por “defender colectivamente la independencia del BCE en la búsqueda de sus objetivos”, al tiempo que se consideraba la necesidad de contrarrestar la percepción de que la política monetaria ya no podía contribuir a un retorno de la inflación hasta el objetivo marcado por la institución.

Como respaldo de la política del BCE, el miembro del Consejo, el esloveno Bostjan Jazbec, afirmaba que las medidas de estímulo del organismo presidido por Draghi estarían impulsando el crecimiento económico de la UEM y ello podría dar lugar a que la autoridad monetaria revise al alza, en junio, sus previsiones de crecimiento de la Eurozona.

En la actualidad, el BCE prevé un avance de la actividad del 1,4% en 2016 y del 1,7% en 2017, mientras los últimos datos de coyuntura de Estados Unidos apuntan a una recuperación de la economía americana, tras un tímido crecimiento del 0,5% en los primeros tres meses, hasta tasas cercanas del 2,5% anual. Esta aceleración se apoyaría principalmente en la demanda de consumo, que estaría siendo la clave de la aceleración del crecimiento, unido a la depreciación del dólar y la mejora de las perspectivas de crecimiento a nivel mundial, que podrían permitir un mejor comportamiento de las exportaciones.

Fuente: Tendencias del Dinero