El término “Chibérica” quiere entroncar la comprensión, aspiraciones y potencialidades de la relación entre la península ibérica y China.

Sin duda, China, segunda potencia económica mundial con compromisos económicos crecientes en España y Portugal, es un actor de referencia para ambos países. Ya nos refiramos al plano comercial, inversor, o a la presencia de comunidades inmigrantes chinas significativas, la relación con China no es un asunto menor.

A mayores, hay vínculos históricos y culturales que aportan un plus significativo nada despreciable. Es más, para China, Portugal y España son dos países cuya trascendencia relacional se establece en función de su historia, cultura o lenguas, en primer lugar. Como es sabido, la consideración civilizacional tiene un importante significado simbólico en la percepción china, que acostumbra a contextualizar sus vínculos con peculiar atención a la perspectiva general, que primará siempre sobre los vericuetos de la coyuntura. No es esta una cuestión menor. Si en la actualidad, la significación y el peso específico de ambos países es el que es, desde la perspectiva china, ello no es óbice para plantear una relación ambiciosa capaz de aportar beneficios a todos con base en la reciprocidad y la igualdad.

Iberismo en boga

Hemos constatado recientemente como el diálogo peninsular puede cuajar y servir de acicate para instrumentar ventajas prácticas a nuestras respectivas sociedades. La definición de estrategias conjuntas -y hasta alianzas- con un enfoque que participe de valores y concepciones geopolíticas afines, materializa una unidad en el escenario continental que está lejos de agotar sus posibilidades.

Portugal y España no forman parte del grupo de cabeza de los países europeos que capitalizan la relación con China, resultado de las limitaciones existentes en el orden económico y comercial. Sin embargo, tanto en razón de aquel vínculo histórico como de otros imperativos actuales, constituyen referentes de significativa importancia tanto en la dimensión bilateral como en el marco de la relación Beijing-Bruselas.

Hoy día, la posición geopolítica de la península o su importancia en el dimensionamiento de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, uno de los proyectos estrella del actual liderazgo chino, tanto en su orientación continental como marítima, constituyen valores que China no puede pasar por alto. Y se sobreponen a una relación comercial bilateral que si bien ha avanzado en los últimos años, tampoco ha cubierto todo el recorrido potencial que abriga. Por otra parte, en momentos económicos de especial dificultad como hemos vivido recientemente, en ambas capitales ibéricas se ha podido apreciar el compromiso de China cuando otros nos señalaban entre “los PIGS de Europa”…

La Iberia exterior

No se trata ahora de exaltar una hipotética adhesión al iberismo como corriente política de mayor o menor envergadura en nuestra realidad territorial en diferentes etapas. Ciertamente, lleva siglos ahí, instalado en el imaginario de algunos segmentos de las respectivas sociedades, con altibajos reconocibles. Pero sí cabe alentar un acercamiento en la percepción de China, la interpretación de sus cambios y proyecciones, que pueden complementarse adecuadamente y servir de referente para la construcción de una agenda compartida que trascienda lo meramente académico. Y el primer paso consiste en propiciar espacios de reflexión y diálogo que fomenten el conocimiento mutuo, el diálogo enriquecedor, el intercambio de experiencias y la identificación de los vectores de aproximación principal.

Una coordinación ibérica a propósito de China tiene antecedentes singulares en otros escenarios. En primer lugar, en la propia UE, como hemos visto en la reciente puesta en común en relación a los efectos de la guerra de Ucrania. También en relación a América Latina, con esa fórmula institucionalizada de las cumbres iberoamericanas. El África de expresión portuguesa bien pudiera ser otro ámbito geolingüístico a explorar teniendo en cuenta que en España el gallego nos ayuda a diluir esa frontera.

Probablemente, ambas capitales no representan ya el pivot que puede inclinar la balanza en la relación de China con América Latina o África, por citar dos continentes en los que cabe observar una dilatada proyección. Esta China no precisa intermediarios ni tampoco los países terceros desean otra cosa que no sea una relación directa. Esto no impide que en casos concretos pueda arbitrarse una cooperación significativa en virtud de la presencia de actores solventes que pueden entablar alianzas beneficiosas para todas las partes. Sin duda, esto es posible.

Desde hace más de 30 años, los gobiernos de Lisboa y Madrid celebran cumbres bilaterales en las que avanzan en su agenda. A nadie escapa la influencia de la Revolución de los Claveles en 1974 en el fin de la dictadura del General Franco y el inicio de la transición democrática en España, abriéndose entonces un tiempo nuevo, sobre bases sólidas, para la colaboración bilateral. Bien es verdad que ese camino no ha sido ni será rectilíneo, pero la corriente principal ha estado definida por la sintonía. Dotarla de contenido y asegurar la construcción eficaz de la relación sugiere, a veces, desacuerdos estratégicos que devienen de las diferentes prioridades de cada gobierno. Ello no debe ser óbice para seguir poniendo el acento en lo que puede impulsar la cooperación entre ambas sociedades.

A propósito de China hay coincidencias importantes que devienen de la asunción común de los principios y valores europeístas. También hay disonancias significativas, por ejemplo, a propósito de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, cuyo memorando de adhesión ha suscrito Portugal y España no.

Mirando al futuro, ese compartir intereses comunes en la UE, nos sugiere su normalización como vector de las políticas públicas, propiciando una mayor convergencia que, sin menosprecio de las diversas peculiaridades, sea capaz de reforzar la influencia conjunta de Portugal y España en aquellos temas geopolíticos (y China es clave) en los cuales la coordinación puede suponer una ventaja adicional.

SOBRE EL INSTITUTO COORDENADAS DE GOBERNANZA Y ECONOMIA APLICADA

Institución de pensamiento e investigación de la interacción entre gobernanza y economía aplicada para avanzar en constructivo y en decisivo sobre el trinomio: bienestar social, progreso económico y sostenibilidad ambiental; en pleno entorno evolutivo sin precedentes desde finales del Siglo XVIII y principios del XIX con la revolución industrial. Fiel a sus principios fundacionales de independencia, apartidismo y pluralidad, el Instituto lidera proactivamente la fusión entre la esencia y la innovación de la liberalización económica, como mejor modelo de afrontar los retos presentes y futuros de país, de Europa y del mundo.

NOTA DE INTERÉS: La información de este comunicado de prensa es un resumen de interés público proveniente de trabajos de análisis e investigación; de grupos y sesiones de trabajo de expertos y/o producción de artículos científicos del Instituto Coordenadas para la Gobernanza y la Economía Aplicada. Los papeles de trabajo y documentos originales y completos son de uso interno y de titularidad exclusiva del Instituto Coordenadas de Gobernanza y Economía Aplicada.