Guerra Iran pugna por hegemonia global

La guerra de Irán y la pugna por la hegemonía global

Análisis, 31 de marzo de 2026

La reciente escalada militar en Irán, con la ofensiva coordinada por Estados Unidos e Israel, constituye un episodio que puede interpretarse claramente a la luz de la "trampa de Tucídides". Este concepto, acuñado por el historiador y profesor de Harvard, Graham Allison, describe la situación de alta tensión estructural que se produce cuando una potencia emergente amenaza con desplazar a la potencia hegemónica establecida, aumentando drásticamente la probabilidad de conflicto bélico. En el tablero global, China es la Atenas que asciende, mientras Estados Unidos encarna a la Esparta que ve su primacía cuestionada. La intervención en Irán no es un hecho aislado, sino una expresión de esa pugna profunda por la reconfiguración del poder mundial.

Es cierto que Estados Unidos ha experimentado una pérdida relativa de su hegemonía, pero estaríamos ante un error de análisis al diagnosticar un colapso próximo o inminente. Como señalan diversos analistas, el poderío estadounidense, aunque erosionado por décadas de operaciones militares de dudoso balance, competencia industrial y un creciente endeudamiento que ronda el 130% de su PIB, sigue siendo formidable. Su red de alianzas militares, su ecosistema tecnológico y el control del sistema financiero global a través del dólar le otorgan una resiliencia que sus competidores aún no pueden igualar. De hecho, acciones recientes como la intervención en Venezuela o la propia operación en Irán, que incluye el despliegue de portaaviones como el USS Gerald Ford, buscan reafirmar su capacidad de proyección de poder y asegurar el acceso a recursos energéticos estratégicos, mejorando su posición en el tablero geopolítico y energético global.

Una interdependencia sin precedentes

Sin embargo, la relación bilateral chino-estadounidense no es unidireccional ni exclusivamente belicista. Existen poderosos lazos económicos que atemperan la tensión y establecen un marco más competitivo que propiamente bélico. La interdependencia es profunda: cadenas de valor globales, inversiones cruzadas y un flujo comercial bilateral de gran magnitud. A pesar de la guerra comercial iniciada en 2018, los canales diplomáticos siguen abiertos, como lo demuestran las conversaciones telefónicas y las reuniones entre líderes, como la celebrada en Busan en octubre de 2025 y la que se anuncia para finales de este mes de marzo en la capital china. La rivalidad se manifiesta en "guerras" tecnológicas, comerciales y financieras, pero con un esfuerzo consciente por evitar el choque directo, salvo en los nodos de tensión considerados vitales para cada parte. Para Estados Unidos, ese nodo es su liderazgo global y su red de alianzas; para China, lo es su integridad territorial y su modelo de desarrollo, con Taiwán como el punto más sensible y de mayor riesgo de escalada.

Precisamente porque China ha logrado acortar distancias de manera acelerada, Washington se siente apremiado a actuar con mayor decisión y a asumir más riesgos. La respuesta china al reto estadounidense ha sido estratégica, optando por impulsar la autosuficiencia tecnológica con planes como Made in China 2025 y tejer una red de influencia global a través de iniciativas como la Franja y la Ruta, penetrando mercados tradicionalmente cercanos a EEUU, como América Latina. Esta sensación de urgencia lleva a Washington a intervenciones más osadas, como la de Irán. No obstante, esta operación presenta una complejidad mucho mayor que la acción en Venezuela. Irán posee una capacidad de respuesta asimétrica a través de su red de proxies en la región, controla puntos geoestratégicos vitales como el Estrecho de Ormuz y mantiene vínculos con potencias como China y Rusia. La ofensiva "Furia Épica" busca no solo destruir capacidades militares, sino también generar condiciones para un cambio de régimen, un objetivo de una envergadura y con unas implicaciones regionales que superan con creces los riesgos asumidos en el patio trasero latinoamericano. De tener éxito, el revés para China sería importante y mucho mayor que el registrado con la operación de Venezuela.

La guerra en Irán es un capítulo más, y particularmente peligroso, de la nueva guerra fría que libran las dos grandes potencias, una lucha que se dirime tanto en los campos de batalla regionales como en los laboratorios tecnológicos y las mesas de negociación.

Crisis de legitimidad

Harían bien las partes en prestar atención a la cuestión de la legitimidad. Las hegemonías no se sostienen solo por la fuerza; necesitan una narrativa: misión civilizadora, mandato, progreso, revolución… El Imperio romano de Occidente resistió invasiones durante siglos; lo que cambió fue la cohesión interna y la capacidad de integrar élites periféricas. La Unión Soviética colapsó en 1991 no por una derrota militar directa, sino por erosión ideológica y agotamiento económico. Cuando la población deja de creer en el proyecto, la estructura pierde soporte.

EEUU representa una hegemonía sistémica construida tras la II Guerra Mundial sobre instituciones, alianzas, el dólar y la superioridad tecnológica. Después de 1945, con Washington impulsando el Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial y la red de alianzas como la OTAN, se consolidó un orden que no dependía del control formal de territorios sino de reglas, mercados y bases militares bajo un paraguas ideológico liberal.

En ese contexto de partida, las transiciones de poder se vuelven peligrosas cuando la potencia dominante cree que debe actuar antes de perder ventaja o cuando la emergente cree que el sistema intenta bloquear su ascenso permanentemente. Si ambas sienten urgencia simultánea, el riesgo crece. Si ambas creen que el tiempo aún ofrece margen, la competencia puede gestionarse.

En el fondo, lo que está en juego no es solo poder material, sino confianza en la trayectoria histórica propia. China quiere recuperar la grandeza perdida, al igual que EEUU quiere que América sea grande de nuevo. ¿Cuál de las dos élites estratégicas confía más en que el siglo XXI le pertenece?

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